La semana pasada logré terminarme "La montaña mágica" de Thomas Mann, una obra ligera de apenas 900 páginas. Cuando uno cierra la tapa de un tomo de esa magnitud se siente realmente más elevado, como si te pusieran una medalla o una mención de honor ("por servicios prestados más allá del deber..."). Después de empezar la vida laboral ya no tienes tanto tiempo para hundir toneladas de libros y reunir puntos: yo llegué a la enajenación mental de leerme dos veces "Guerra y paz" y también "El señor de los anillos" porque me aburría durante los veranos en el pueblo. "El señor de los anillos" tuvo mucha más gracia la segunda vez, porque me salté todas las descripciones de floresta y horripilantes canciones que no riman, que ocupan casi la mitad de la trilogía.
Con la edad no sólo tienes menos tiempo, sino también menos aguante: el "Ulises" no me lo pude terminar a pesar de estar encerrado en casa en Berlin, porque uno ya no está para aguantar páginas y páginas infumables sólo para que el escritor demuestre que ha innovado el género. Te lo damos por demostrado, hombre. De todas formas, sólo la gente de Letras hardcore se han leído jamás el Ulises. A mí no me sentaría bien reconocer que me lo he podido tragar.
¿Y qué decir de "La montaña mágica"? Pues que me ha sorprendido lo interesante que ha sido. Sólo había leído a Mann en alemán para el colegio y me parecía bastante soso. De hecho, no acababa de entender de dónde le vino la fama y el Nobel. Pero he de reconocer que este libro, por sí solo, justifica ambas cosas. Te agarra y te sumerge en el mundo burgués anterior a la Gran Guerra, con una gran perspicacia a la hora de exponer la mentalidad de las diferentes clases, las convenciones sociales, las contradicciones... pero sin poner en tela de juicio nada. Mann era un escritor claramente burgués... pero convencido, ¿eh? Que se sentaba el hombre cuatro horas al día a escribir, siempre las mismas, y planificaba la investigación para sus libros durantes meses o años. ( Claro, así le salían unos tochos más que respetables, la mayoría de las veces. )
Lo bonito de este libro es que representa tanto el encanto como el autoengaño de la vida burguesa clásica, en especial en el mundo de la Mitteleuropa, y más en general todo el mundo y el ambiente europeo de la época, aprovechando que transcurre en un sanatorio internacional. Todo un mundo que se perdió al poco de comenzar el siglo XX... Me ha recordado mucho a "Radetzkymarsch", de Joseph Roth, que también es un ladrillo de cuidado y que evoca esa misma nostalgia de la monarquía austríaca. Son dos novelas con un mismo marco, pero muy diferentes en sus objetivos.
La de Roth transcurre a lo largo de tres generaciones al servicio del Kaiser, y suceden multitud de cosas, a todo lo ancho de Austria-Hungría. Los personajes quedan definidos exactísimamente con un par de frases casi de pasada y el retrato social de la época se compensa perfectamente con el retrato individual de los personajes. Mann se propuso, aparte del retrato de un momento y una clase social, algo muy abstracto: retratar el paso del tiempo cuando no pasa nada. La mayor parte del tiempo es que NO PASA NADA: pasan las estaciones, se funde la nieve, vuelve a nevar... Lo cual es muy interesante y una tendencia muy de moda por entonces, por ejemplo los ocho tomos de nada de la madalena de Proust... pero es desesperante. Por suerte, la novela no se queda en eso y tiene mucha más enjundia, sobre todo en las discusiones de política, que empiezan siendo previsibles y luego se vuelven sorprendentemente buenas.
Pues nada. Roth es el puto amo y Mann tiene un Nobel, ¿qué más se puede añadir?