Volviendo de la Feria del Libro me he encontrado en el ascensor con la viva efige del Generalísimo, incluso con unas gafas y una gorra de golf que le daban ese aspecto "fascista retirado - especulador de la Costa del Sol" que se le quedó en cuanto tuvo todo "atado y bien atado". Por un momento, me pregunté si no podía ser que su muerte fuera una farsa, igual que se decía en Berlín después de la guerra que Hitler había podido escapar y estaba en un castillo de los Pirineos, protegido por el régimen franquista. ¿Podría ser que, a su vez, Franco hubiera escenificado su propia muerte para pasar a ser un protegido de Alemania, camuflándose como típico jubilado turista? ¿Pero entonces, qué hace en un ascensor en Madrid?
Son cosas que a uno se le ocurren cuando tiene el cerebro demasiado calentado por el sol y ya le pesan las putas bolsas con los libros que se ha comprado en un vergonzoso arranque de adicción al papel. Aunque suene a columna de periodista del País dominical, cantando las loas al bendito formato libro, que, como es un símbolo de la intelectualidad dominante, pues paga menos impuestos... pero esto no logra engañar al pueblo español que, en su sagacidad milenaria, sigue en una bendita inopia, ahora que hay seis cadenas nacionales en abierto, y todas ponen el mundial. Me pregunto dónde está la exclusiva. La FIFA debe estar forrándose viva, si vende los derechos "en exclusiva" dos o tres veces por país (!).
En fin, me voy a la siesta con el libro de Forges sobre la Guerra Civil. Esto es una sobredosis de España en vena.
sábado, 10 de junio de 2006
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