En Agosto todo el mundo se va de vacaciones y deja a unos pobrecillos becarios para que se chupen todo el trabajo. Esto podría parecer muy injusto, pero démonos cuenta de que en realidad le están dejando a unos adolescentes con granos las verdaderas riendas del país. Un ejemplo.
En la segunda semana de Agosto, allá por el miércoles o el jueves, en esa profundidad insondable del verano ibérico donde si das una voz sólo te responde el eco, había al menos tres canales de televisión encallados en una imagen fija a la vez. Antena 3 en concreto estuvo al menos seis horas con la misma cara, a mitad de una frase, en la pantalla; era un presentador medio conocido de un programa de media tarde con un decorado especialmente horroroso. Quise hacer una foto para demostrarlo, pero claro, sólo hubiera obtenido una imagen quieta en el televisor. No pensé en hacer un vídeo cambiando de canal.
Todo el mundo estaba en la playa, comiendo una guarrada de paella en chanclas como es su derecho natural (como estableció Eduardo Mendoza en una columna al principio del veraneo). Por tanto, nadie ve la tele y no hay peligro en que los jovenzuelos trasteen un poco, como los Gremlins más o menos. Pero ¿y los demás resortes clave del Estado? ¿Qué pasa con nuestra defensa antiaérea en el mes de los becarios, pega zambombazos de vez en cuando? Suerte que por ahora no han acertado a ningún vuelo comercial. ¿Y la red eléctrica? ¿Son casualidad los incendios en subestaciones del centro de Madrid, los apagones intempestivos en cuanto una garza estornuda en Cuenca?
Un día, un becario revolucionado de hormonas llegará a los mandos de una central atómica. Entonces a toda esta sarta de cuarentones con barriga que suben renqueantes un puesto en el organigrama cada trienio se le acabarán las vacaciones de repente.
miércoles, 23 de agosto de 2006
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