sábado, 19 de enero de 2008

Selección natural

Hace unos meses leí un estudio publicado en "Nature": basándose en datos de los registros parroquiales ingleses desde la Edad Media, un historiador ó economista afirmaba que los ricos, estadísticamente, conseguían criar a más hijos hasta la edad adulta que los pobres. De esta manera, a pesar de que los pobres fueran más prolíficos a la hora de reproducirse, la sociedad, a la larga contiene más descendientes de personas ricas e integradas que de personas pobres e inadaptadas.
El hecho de que los pobres tengan una menor esperanza de vida que los ricos ya era conocido desde hace tiempo; en los setenta sirvió de justificación para la violencia terrorista, que era sólo autodefensa de los oprimidos contra la violencia estructural del sistema que los mata mediante un trabajo duro, una vivienda insalubre, etc...
Sin embargo, en el artículo que leí hace poco, se buscaba una correlación entre esta "selección natural" y el crecimiento económico de Gran Bretaña; en especial, con el hecho de que naciera allí la Revolución Industrial. Al parecer, las economías de todo el mundo permanecieron al mismo nivel de creación de riqueza desde la Edad de Bronce hasta principios del siglo XIX, cuando empieza un proceso exponencial de acumulación de riqueza en los países industrializados frente a un crecimiento muy débil de los no industrializados (con respecto a la Edad de Bronce!).
La idea central sería que los descendientes de las clases altas, al irse desclasando hacia abajo según tuvieran que rellenar los huecos dejados por hijos de pobres que murieron antes de llegar a reproducirse, llevaron consigo valores de buena educación, dedicación al trabajo, menor violencia en las relaciones interpersonales, y otros.
No pude evitar pensar en la cantidad de personas sensibles y educadas que se suicidan, comparada con la cantidad de aprovechados e ineptos que deben sobrevivir en cada generación. Por ejemplo, Jorge Semprún escribió que en los campos de concentración sólo sobrevivían, según pudo observar, las personas que tuvieran convicciones firmes y ninguna duda o autocrítica; los comunistas y los cristianos convencidos eran los que mayores probabilidades tenían de soportar la brutalidad. Por contra, todo aquél que se cuestionara a sí mismo o tuviera una mínima sensibilidad moría a los pocos meses. Se dejaban ir. A Semprún, según él mismo, le salvó su militancia comunista de entonces.
Pienso, por ejemplo, en los tres hijos de Haro Tecglen que se suicidaron. Creo que fueron tres, aunque ahora que lo escribo me parece una exageración. A cambio de ellos hoy tendremos tres (o cuatro o cinco) hijos del Opus Dei, como ya teorizó Álvarez Rabo en uno de sus cómics dibujados con el rabo.
Sólo sobreviven los más cabrones, como escribió Houllebecq en "Las partículas elementales". De generación en generación, sólo quedan los más insensibles, los insolidarios, los que le pasan su trabajo a otros y viven sobre las espaldas de los demás... si ésta es su "selección natural", es comprensible que muchos no quieran formar parte de ella.

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