
Cuando un hombre entra en una peluquería, con un abrigo militar hecho una guarrada y unas pelanas que ya empiezan a pasarse de lo decente, y dice "córtemelo un poquito nada más"... ¿en qué parte se sobreentiende que lo que quiere decir es "por favor, señor peluquero salido del abismo, córteme estas melenas afeminadas y écheme por Dios bendito una buena rociada de gomina, que ya es hora de que me conviertan en un Hombre de Verdad"? ¿Es que llevaba una bandera blanca al entrar en la peluquería? ¿Es que me he arrodillado en el suelo, he ofrecido mi garganta a la navaja del barbero y he entonado "En tus manos, Señor, encomiendo mi aspecto"? No. Vamos, no que me haya dado yo cuenta.
La peluquería que queda más cerca de mi casa es una verdadera experiencia sociológica. Es una experiencia de retroceso en el tiempo que, paradójicamente, va cambiando con el tiempo. Permanece siempre dentro de unos ciertos parámetros de masculinidad cerril (es la de hombres, la de mujeres está para el otro lado), pero las referencias concretas van cambiando. Me explico. En visitas sucesivas, recuerdo haber visto: un cartel de toros, un póster del Atlético de Madrid, un cartel del Interviú con tías en pelotas y un ventilador de ésos que desaparecieron del mundo con el Plan de Estabilización de 1959.
Nunca veo dos veces las mismas cosas. Es posible que me quede narcotizado con el olor a colonia nada más entrar, o que no me fije demasiado en lo que me rodea porque me sé en territorio enemigo. Pero me pregunto cómo es posible crear en un observador dado, o sea yo, la sensación de atemporalidad, de un espacio inmutable, precisamente con estímulos cambiantes. ¿Qué diferencia esta peluquería, una tienda estrecha y alargada, de las dos cafeterías entre las que está encajonada, que sí han cambiado a ojos vistas con los años? ¿Qué pretenden sus dueños, cambiando objeto antediluviano por objeto antediluviano? ¿Repetir una y otra vez el mismo día, aunque hayan pasado seis meses o varios años? ¿O seguir ellos mismos eternamente en esa mediana edad, de barriguita y pelo medio cano, discutiendo a gritos con los amiguetes la situación del Madrid, lo caro que está todo, y lo que te ha contado el concejal de Urbanismo de tu pueblo, que es del PP?
1 comentario:
Joder, no me había fijado nunca, menudo frontón tienes, colega. Ahora entiendo el flequillo...
Publicar un comentario