miércoles, 27 de septiembre de 2006

El dinero blanquea

Siempre que voy a un centro comercial por el norte o por el oeste de Madrid veo a una o dos rubias que parecen americanas por el físico, pero a las que se les nota que son españolas por la ropa y por la forma de comportarse. Cuando me las encuentro, porque es inevitable que me las encuentre, pienso que uno de los efectos más desconcertantes del dinero es que blanquea. No ya mentalmente, sino incluso físicamente. Alguien que tiene más pasta "parece" más blanco que alguien que no la tiene.

Debe ser una especie de racismo a la inversa. A los negros que quieren trabajar y ganar dinero les llaman "bounties" los propios inmigrantes en Francia, porque son como las chocolatinas Bounty: negros por fuera y blancos por dentro. Siempre pienso si no habrá más camino que ése, que lleva al hombre blanco occidental como último estadio del desarrollo posible. Con su violencia, su inseguridad y esa falta de empatía hacia los demás que caracteriza a los blancos. Cuanto más blancos son, más violenta y a la vez más sonrojante es su cultura: no hay más que ver lo que sale de Escandinavia. Borrachos, tímidos patológicos o satanistas.

Luego pienso, todas y cada una de las veces, en una escena de "Tiempo de silencio", el nacimiento de un niño en una chabola del sur de Madrid, allá en los 60: "Los médicos escandinavos recomiendan una sala de parto amplia y bien ventillada... pero en el caso de una recia moza toledana, bastarán cuatro paredes asimétricamente dispuestas y una mesa". Y en cómo describe a la madre de la parturienta, dura y seca "como un pan en mitad de Julio". Ricos y pobres no sólo vivían vidas diferentes, sino en universos diferentes, en los que no cabía en absoluto imaginar una vida distinta, a pesar de que estaba ahí, de que en los mismos años existían esos hospitales para las rubias escandinavas, no en otro planeta sino aquí mismo.

Entonces pienso (y ya me acerco al final de mi rueda de pensamientos) en lo sutil de las fronteras. Estas rubias están aquí y viven una vida diferente a las chicas que nacen en el sur de Madrid. No sé si mejor o peor, seguro que ninguna vida es fácil, y sé que ya no existen esas diferencias abismales de la posguerra. Pero es tan pequeña esa distancia... y siempre ves, en la parte rica de Madrid, unas mujeres que no encuentras en ningún otro lado. Yo no creo que las traigan de importación. Creo que su dinero se les transparenta.

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