domingo, 24 de septiembre de 2006

Tetistas y culistas

Se ha convertido en algo así como un lugar común, por lo menos entre los tíos que conozco, dividir a los hombres a grosso modo entre tetistas y culistas, según qué parte de las mujeres prefieran. Son bandos irreconciliables, como paulistas y cariocas, o como madridistas y barcelonistas... pero no se sabe muy bien qué factores ambientales, genéticos o estéticos llevan a un hombre determinado a tomar uno de los dos partidos.

Los tetistas son partidarios de las tetas, y su lema viene a ser: "Teta grande, ande o no ande". No tienen sentido de la proporción: la perfección se mide directamente en centímetros cúbicos. Suelen ser esos amigos tuyos que te dan un codazo en medio de la calle y te susurran: "Pero mira qué tetas que tiene ésa". Y que, cuando ha pasado la orgullosa propietaria, dicen, en voz más alta: "Si es que la cogía y me las comía tal que así" o cualquier otra expresión en la que lo oral predomine. También suele ser gente que da mucho teatro a su excitación ("Ay, qué malito me pongo", "Ufffff... cómo están"), algo que yo también relacionaría con su fijación oral, pero en la vertiente comunicativa.

Por otro lado, los culistas son gente más introspectiva, debido probablemente a que el objeto de su devoción no puede verse en aproximación frontal, sino que debe uno volverse a tiro pasado, o instalarse en algún lugar estratégico y ver pasar al objetivo. La mirada furtiva, el giro de cuello exacto y el silbido de apreciación suelen ser más comunes. Puede notarse una mayor inclinación por el equilibrio de la forma, antes que por la superabundancia que desean los tetistas. No suelen contar tan abiertamente sus gustos a otros hombres como el otro bando. Probablemente les cuesta admitir que no les interesa una parte tan obviamente femenina como las tetas, como si les estuvieras obligando a reconocer que son maricas.

Qué pena que tampoco en esto reine la unidad. Debe ser que si no tenemos tonterías de qué discutir nos aburrimos.

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