Calle de California con Calle del Cerro Negro. Con un nombre así, qué otra cosa podrían ser sino calles empinadas, encajonadas entre una autopista y las vías del tren.

Al otro lado de las vías están los edificios de oficinas y el Hipercor. A este lado, quedan las casitas levantadas por los inmigrantes que llegaron a la ciudad en los años del hambre. Hay muchos patios, muchos muros bajos, y portones como los de los pueblos. Aunque también alambradas.

Entre la autopista y las casitas hay una hilera de árboles, como un gesto enternecedor de defensa frente al progreso que magnánimamente ha dejado a este cuadrado de calles de lado. (Cuando veo los árboles sé dónde estoy, siempre he pasado al lado de este barrio en el coche de mis padres).

A pesar del mal sitio, también aquí van llegando las grúas. Hay bloques nuevos construidos a poca distancia. Un poco más arriba reventaron los trenes del 11-M. La gente salió de pisos recién construidos, de ladrillo claro, a la calle, para ayudar a las víctimas.

Al otro lado de las vías están los edificios de oficinas y el Hipercor. A este lado, quedan las casitas levantadas por los inmigrantes que llegaron a la ciudad en los años del hambre. Hay muchos patios, muchos muros bajos, y portones como los de los pueblos. Aunque también alambradas.
Entre la autopista y las casitas hay una hilera de árboles, como un gesto enternecedor de defensa frente al progreso que magnánimamente ha dejado a este cuadrado de calles de lado. (Cuando veo los árboles sé dónde estoy, siempre he pasado al lado de este barrio en el coche de mis padres).
A pesar del mal sitio, también aquí van llegando las grúas. Hay bloques nuevos construidos a poca distancia. Un poco más arriba reventaron los trenes del 11-M. La gente salió de pisos recién construidos, de ladrillo claro, a la calle, para ayudar a las víctimas.
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