Un Sim necesita equilibrar sus necesidades de Orden, Interacción Social, Sueño, Higiene, Hambre y Entretenimiento. Cada una de ellas es reforzada por diversas acciones, como ordenar la casa, ver a los amigos, dormir, ducharse, comer y ver la tele.
A veces trato de imaginarme como una figura pixelada, vista de espaldas en un escenario isométrico. Me muevo por mi mundo casi real: introduzco comida en el horno y al rato sale preparada. Giro una esquina de camino al trabajo. Mi jefe tiene una barrita verde encima de la cabeza que indica su estado de ánimo hacia mí.
Nos enseñaron tantas veces que la realidad es distinta de los videojuegos. Al final será cierto, pero en el sentido contrario al que pretendían.
lunes, 27 de noviembre de 2006
miércoles, 22 de noviembre de 2006
jueves, 16 de noviembre de 2006
El infierno existe 2: el exterior
Así es, amiguitos. El infierno, que como sabemos se localiza en el intercambiador de autobuses de Avenida de América, tiene puestos de avanzada exteriores que surgen de la tierra como los dedos corruptos de un cadáver.
Son las torres de ventilación de ese submundo, que lanzan un vientecillo caliente rico en hidrocarburos tanto en invierno como en verano. En verano, sin embargo, los súcubos de Satán ponen una terraza justo al lado de la rejilla de ventilación, para que te fumes un par de escapes de autobús mientras te tomas una caña. En la foto no se ve, pero la sombrilla está completamente negra del lado que da a la torre. Hmmm, pero qué delicia vivir en esta ciudad.
Píldoras de texto
Cuando escribes varias entradas en tu blog, generas pequeñas cantidades de la forma de información más barata: el texto. Cuando alguien las lee, las consume de una sentada y las olvida al poco tiempo. A tragos, así es como percibimos el mundo en la era del síndrome de déficit de atención. Somos como niños epilépticos tratando de beber un vaso de agua.

El texto es una forma primordial de la información, un organismo unicelular. Si abres una imagen en un editor de textos, aparece como una ristra de caracteres esotéricos. Si abres un vídeo, son páginas y páginas de letras, palabras que una máquina susurra al oído de otra como en el telégrafo indio hasta que la última de la cadena las extiende ante los ojos en un panel animado. Todo caracteres abarrotados unos sobre otros. Los que escribimos a mano tenemos que conformarnos con sudar unos pocos al día.
El texto es una forma primordial de la información, un organismo unicelular. Si abres una imagen en un editor de textos, aparece como una ristra de caracteres esotéricos. Si abres un vídeo, son páginas y páginas de letras, palabras que una máquina susurra al oído de otra como en el telégrafo indio hasta que la última de la cadena las extiende ante los ojos en un panel animado. Todo caracteres abarrotados unos sobre otros. Los que escribimos a mano tenemos que conformarnos con sudar unos pocos al día.
martes, 14 de noviembre de 2006
Qué tendrán los downloads
Qué tendrán de hipnótico los downloads (o descargas, para los amantes de las sillas eléctricas), que siempre te obligan a quedarte mirando la pantalla, como si estuvieras dando ánimos a tu ordenador por tu simple contacto visual con la barrita azul. Como si asistieras a un parto. Hay gente que incluso murmura "venga, chiquitín", lo cual es preocupante incluso cuando se hace irónicamente.
Yo, cuando estoy hipnotizado por una descarga, tengo una mezcla de cientificismo barato y chamanismo primordial. Siempre estoy más atento a la velocidad de la descarga que al progreso de la barra misma, porque claro, a mayor velocidad, menor es el tiempo que te va marcando el navegador hasta que puedas dejar de mirar embobado a la pantalla. Uno piensa en la diferencia entre recorrido, la derivada de esa cantidad (que es la velocidad), la derivada de esta derivada, cómo se calcula el tiempo con todas estas funciones, dónde se corta la cadena de aproximaciones...
Según cambia el gradiente de bits, pasas de la esperanza más inefable en la tecnología y el futuro de la humanidad, a los abismos de la desesperación. Que suele centrarse en Telefónica, por algún misterioso condicionamiento heredado de nuestros padres. Probablemente, aunque no tuviera el ADSL con Telefónica, me cagaría en ellos y en el tercermundismo de este país cuando veo el ancho de banda estrangulado ante mis propios ojos como un grifo que arroja unas últimas gotitas antes de cerrarse.
Ahora he entrado en una especie de "precuela" de los downloads desde que uso Linux. Ya no hay barrita azul. El "apt-get" te pone una escueta línea de texto en la línea de comandos, con un seco mensaje de "1h23m22s" al final. Sin embargo, no se equivoca, el tío. Allí donde Windows te pone lo que le sale de las pelotas al principio, al medio, y al final de una descarga, el Linux suele decirte "32m" y desde ahí empieza a descontar con la precisión de un sargento instructor del ejército prusiano. Y a los 32 minutos exactos tienes tu paquete.
Entro en una nueva dimensión inexplorada de la adicción al download.
Yo, cuando estoy hipnotizado por una descarga, tengo una mezcla de cientificismo barato y chamanismo primordial. Siempre estoy más atento a la velocidad de la descarga que al progreso de la barra misma, porque claro, a mayor velocidad, menor es el tiempo que te va marcando el navegador hasta que puedas dejar de mirar embobado a la pantalla. Uno piensa en la diferencia entre recorrido, la derivada de esa cantidad (que es la velocidad), la derivada de esta derivada, cómo se calcula el tiempo con todas estas funciones, dónde se corta la cadena de aproximaciones...
Según cambia el gradiente de bits, pasas de la esperanza más inefable en la tecnología y el futuro de la humanidad, a los abismos de la desesperación. Que suele centrarse en Telefónica, por algún misterioso condicionamiento heredado de nuestros padres. Probablemente, aunque no tuviera el ADSL con Telefónica, me cagaría en ellos y en el tercermundismo de este país cuando veo el ancho de banda estrangulado ante mis propios ojos como un grifo que arroja unas últimas gotitas antes de cerrarse.
Ahora he entrado en una especie de "precuela" de los downloads desde que uso Linux. Ya no hay barrita azul. El "apt-get" te pone una escueta línea de texto en la línea de comandos, con un seco mensaje de "1h23m22s" al final. Sin embargo, no se equivoca, el tío. Allí donde Windows te pone lo que le sale de las pelotas al principio, al medio, y al final de una descarga, el Linux suele decirte "32m" y desde ahí empieza a descontar con la precisión de un sargento instructor del ejército prusiano. Y a los 32 minutos exactos tienes tu paquete.
Entro en una nueva dimensión inexplorada de la adicción al download.
lunes, 13 de noviembre de 2006
En el gimnasio
Hay tres tipos de mujeres que entran en el gimnasio: las que vienen en bloque a clase de aeróbic, las que vienen acompañadas de una amiga, y las que vienen solas.
Las que vienen a clase de aeróbic son la mayoría numérica. Se meten en su clase y bajan las cortinas, probablemente porque piensan que sus culos están gordos y no deben ser vistos en mallas. Después de encerrarse en una sala sin hombres, se ponen a sudar al ritmo de las canciones más absolutamente sexistas que uno se pueda imaginar. El ritmo, maquinero, es el de un polvo. Las letras son en plan "soy un pedazo de carne con ojos, haz conmigo lo que quieras". Juro que había una que repetía "I am a pussy-pussy-pussy, you want some pussy-pussy-pussy". Qué situación. Qué gran anuncio para un curso de inglés.
El gimnasio es territorio masculino. Evidentemente, esto atrae a un montón de maricas, pero vamos a dejar las ambigüedades a un lado: consideremos el gimnasio un territorio de hombres. Los territorios masculinos, a diferencia de los femeninos, no les están prohibidos al sexo opuesto, pero les dan miedo. Así que, normalmente, las mujeres los exploran en parejas, como la Guardia Civil.
La clase de las que vienen en parejas me parece la más detestable y baja de las tres. Ni se excluyen totalmente como las del aeróbic, ni tienen los huevos, metafóricamente, de venir a solas. Quieren darse una vuelta por donde los rudos machotes, pero cubriéndose las espaldas, no sea que alguno se desboque. En general, lo que me fastidia es que presuponen que hay que tener cuidado con los hombres. Y lo malo es que la desconfianza tiende a ser una profecía que se cumple a sí misma.
Las mujeres que vienen solas al gimnasio suelen ser las más guapas. No sé si es porque tienen más seguridad en sí mismas, o porque la belleza crea una cierta soledad, o porque son una clase de mujeres hermosas que no pueden aguantar ni un día sin demostrarse a sí mismas que atraen a los hombres, o porque tienen que estar todos los días allí y ninguna amiga les aguanta la chapa. En todo caso, trato de respetarlas al máximo: es mi pequeña venganza hacia las que vienen en parejas.
powered by
performancing firefox
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)