Hay tres tipos de mujeres que entran en el gimnasio: las que vienen en bloque a clase de aeróbic, las que vienen acompañadas de una amiga, y las que vienen solas.
Las que vienen a clase de aeróbic son la mayoría numérica. Se meten en su clase y bajan las cortinas, probablemente porque piensan que sus culos están gordos y no deben ser vistos en mallas. Después de encerrarse en una sala sin hombres, se ponen a sudar al ritmo de las canciones más absolutamente sexistas que uno se pueda imaginar. El ritmo, maquinero, es el de un polvo. Las letras son en plan "soy un pedazo de carne con ojos, haz conmigo lo que quieras". Juro que había una que repetía "I am a pussy-pussy-pussy, you want some pussy-pussy-pussy". Qué situación. Qué gran anuncio para un curso de inglés.
El gimnasio es territorio masculino. Evidentemente, esto atrae a un montón de maricas, pero vamos a dejar las ambigüedades a un lado: consideremos el gimnasio un territorio de hombres. Los territorios masculinos, a diferencia de los femeninos, no les están prohibidos al sexo opuesto, pero les dan miedo. Así que, normalmente, las mujeres los exploran en parejas, como la Guardia Civil.
La clase de las que vienen en parejas me parece la más detestable y baja de las tres. Ni se excluyen totalmente como las del aeróbic, ni tienen los huevos, metafóricamente, de venir a solas. Quieren darse una vuelta por donde los rudos machotes, pero cubriéndose las espaldas, no sea que alguno se desboque. En general, lo que me fastidia es que presuponen que hay que tener cuidado con los hombres. Y lo malo es que la desconfianza tiende a ser una profecía que se cumple a sí misma.
Las mujeres que vienen solas al gimnasio suelen ser las más guapas. No sé si es porque tienen más seguridad en sí mismas, o porque la belleza crea una cierta soledad, o porque son una clase de mujeres hermosas que no pueden aguantar ni un día sin demostrarse a sí mismas que atraen a los hombres, o porque tienen que estar todos los días allí y ninguna amiga les aguanta la chapa. En todo caso, trato de respetarlas al máximo: es mi pequeña venganza hacia las que vienen en parejas.
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