martes, 14 de noviembre de 2006

Qué tendrán los downloads

Qué tendrán de hipnótico los downloads (o descargas, para los amantes de las sillas eléctricas), que siempre te obligan a quedarte mirando la pantalla, como si estuvieras dando ánimos a tu ordenador por tu simple contacto visual con la barrita azul. Como si asistieras a un parto. Hay gente que incluso murmura "venga, chiquitín", lo cual es preocupante incluso cuando se hace irónicamente.

Yo, cuando estoy hipnotizado por una descarga, tengo una mezcla de cientificismo barato y chamanismo primordial. Siempre estoy más atento a la velocidad de la descarga que al progreso de la barra misma, porque claro, a mayor velocidad, menor es el tiempo que te va marcando el navegador hasta que puedas dejar de mirar embobado a la pantalla. Uno piensa en la diferencia entre recorrido, la derivada de esa cantidad (que es la velocidad), la derivada de esta derivada, cómo se calcula el tiempo con todas estas funciones, dónde se corta la cadena de aproximaciones...

Según cambia el gradiente de bits, pasas de la esperanza más inefable en la tecnología y el futuro de la humanidad, a los abismos de la desesperación. Que suele centrarse en Telefónica, por algún misterioso condicionamiento heredado de nuestros padres. Probablemente, aunque no tuviera el ADSL con Telefónica, me cagaría en ellos y en el tercermundismo de este país cuando veo el ancho de banda estrangulado ante mis propios ojos como un grifo que arroja unas últimas gotitas antes de cerrarse.

Ahora he entrado en una especie de "precuela" de los downloads desde que uso Linux. Ya no hay barrita azul. El "apt-get" te pone una escueta línea de texto en la línea de comandos, con un seco mensaje de "1h23m22s" al final. Sin embargo, no se equivoca, el tío. Allí donde Windows te pone lo que le sale de las pelotas al principio, al medio, y al final de una descarga, el Linux suele decirte "32m" y desde ahí empieza a descontar con la precisión de un sargento instructor del ejército prusiano. Y a los 32 minutos exactos tienes tu paquete.

Entro en una nueva dimensión inexplorada de la adicción al download.

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