martes, 12 de diciembre de 2006

Calle de California

Calle de California con Calle del Cerro Negro. Con un nombre así, qué otra cosa podrían ser sino calles empinadas, encajonadas entre una autopista y las vías del tren.









Al otro lado de las vías están los edificios de oficinas y el Hipercor. A este lado, quedan las casitas levantadas por los inmigrantes que llegaron a la ciudad en los años del hambre. Hay muchos patios, muchos muros bajos, y portones como los de los pueblos. Aunque también alambradas.









Entre la autopista y las casitas hay una hilera de árboles, como un gesto enternecedor de defensa frente al progreso que magnánimamente ha dejado a este cuadrado de calles de lado. (Cuando veo los árboles sé dónde estoy, siempre he pasado al lado de este barrio en el coche de mis padres).









A pesar del mal sitio, también aquí van llegando las grúas. Hay bloques nuevos construidos a poca distancia. Un poco más arriba reventaron los trenes del 11-M. La gente salió de pisos recién construidos, de ladrillo claro, a la calle, para ayudar a las víctimas.



lunes, 27 de noviembre de 2006

Mi vida como un Sim

Un Sim necesita equilibrar sus necesidades de Orden, Interacción Social, Sueño, Higiene, Hambre y Entretenimiento. Cada una de ellas es reforzada por diversas acciones, como ordenar la casa, ver a los amigos, dormir, ducharse, comer y ver la tele.

A veces trato de imaginarme como una figura pixelada, vista de espaldas en un escenario isométrico. Me muevo por mi mundo casi real: introduzco comida en el horno y al rato sale preparada. Giro una esquina de camino al trabajo. Mi jefe tiene una barrita verde encima de la cabeza que indica su estado de ánimo hacia mí.

Nos enseñaron tantas veces que la realidad es distinta de los videojuegos. Al final será cierto, pero en el sentido contrario al que pretendían.

jueves, 16 de noviembre de 2006

El infierno existe 2: el exterior







Así es, amiguitos. El infierno, que como sabemos se localiza en el intercambiador de autobuses de Avenida de América, tiene puestos de avanzada exteriores que surgen de la tierra como los dedos corruptos de un cadáver.



Son las torres de ventilación de ese submundo, que lanzan un vientecillo caliente rico en hidrocarburos tanto en invierno como en verano. En verano, sin embargo, los súcubos de Satán ponen una terraza justo al lado de la rejilla de ventilación, para que te fumes un par de escapes de autobús mientras te tomas una caña. En la foto no se ve, pero la sombrilla está completamente negra del lado que da a la torre. Hmmm, pero qué delicia vivir en esta ciudad.

Píldoras de texto

Cuando escribes varias entradas en tu blog, generas pequeñas cantidades de la forma de información más barata: el texto. Cuando alguien las lee, las consume de una sentada y las olvida al poco tiempo. A tragos, así es como percibimos el mundo en la era del síndrome de déficit de atención. Somos como niños epilépticos tratando de beber un vaso de agua.




El texto es una forma primordial de la información, un organismo unicelular. Si abres una imagen en un editor de textos, aparece como una ristra de caracteres esotéricos. Si abres un vídeo, son páginas y páginas de letras, palabras que una máquina susurra al oído de otra como en el telégrafo indio hasta que la última de la cadena las extiende ante los ojos en un panel animado. Todo caracteres abarrotados unos sobre otros. Los que escribimos a mano tenemos que conformarnos con sudar unos pocos al día.

martes, 14 de noviembre de 2006

Qué tendrán los downloads

Qué tendrán de hipnótico los downloads (o descargas, para los amantes de las sillas eléctricas), que siempre te obligan a quedarte mirando la pantalla, como si estuvieras dando ánimos a tu ordenador por tu simple contacto visual con la barrita azul. Como si asistieras a un parto. Hay gente que incluso murmura "venga, chiquitín", lo cual es preocupante incluso cuando se hace irónicamente.

Yo, cuando estoy hipnotizado por una descarga, tengo una mezcla de cientificismo barato y chamanismo primordial. Siempre estoy más atento a la velocidad de la descarga que al progreso de la barra misma, porque claro, a mayor velocidad, menor es el tiempo que te va marcando el navegador hasta que puedas dejar de mirar embobado a la pantalla. Uno piensa en la diferencia entre recorrido, la derivada de esa cantidad (que es la velocidad), la derivada de esta derivada, cómo se calcula el tiempo con todas estas funciones, dónde se corta la cadena de aproximaciones...

Según cambia el gradiente de bits, pasas de la esperanza más inefable en la tecnología y el futuro de la humanidad, a los abismos de la desesperación. Que suele centrarse en Telefónica, por algún misterioso condicionamiento heredado de nuestros padres. Probablemente, aunque no tuviera el ADSL con Telefónica, me cagaría en ellos y en el tercermundismo de este país cuando veo el ancho de banda estrangulado ante mis propios ojos como un grifo que arroja unas últimas gotitas antes de cerrarse.

Ahora he entrado en una especie de "precuela" de los downloads desde que uso Linux. Ya no hay barrita azul. El "apt-get" te pone una escueta línea de texto en la línea de comandos, con un seco mensaje de "1h23m22s" al final. Sin embargo, no se equivoca, el tío. Allí donde Windows te pone lo que le sale de las pelotas al principio, al medio, y al final de una descarga, el Linux suele decirte "32m" y desde ahí empieza a descontar con la precisión de un sargento instructor del ejército prusiano. Y a los 32 minutos exactos tienes tu paquete.

Entro en una nueva dimensión inexplorada de la adicción al download.

lunes, 13 de noviembre de 2006

En el gimnasio


Hay tres tipos de mujeres que entran en el gimnasio: las que vienen en bloque a clase de aeróbic, las que vienen acompañadas de una amiga, y las que vienen solas.

Las que vienen a clase de aeróbic son la mayoría numérica. Se meten en su clase y bajan las cortinas, probablemente porque piensan que sus culos están gordos y no deben ser vistos en mallas. Después de encerrarse en una sala sin hombres, se ponen a sudar al ritmo de las canciones más absolutamente sexistas que uno se pueda imaginar. El ritmo, maquinero, es el de un polvo. Las letras son en plan "soy un pedazo de carne con ojos, haz conmigo lo que quieras". Juro que había una que repetía "I am a pussy-pussy-pussy, you want some pussy-pussy-pussy". Qué situación. Qué gran anuncio para un curso de inglés.

El gimnasio es territorio masculino. Evidentemente, esto atrae a un montón de maricas, pero vamos a dejar las ambigüedades a un lado: consideremos el gimnasio un territorio de hombres. Los territorios masculinos, a diferencia de los femeninos, no les están prohibidos al sexo opuesto, pero les dan miedo. Así que, normalmente, las mujeres los exploran en parejas, como la Guardia Civil.

La clase de las que vienen en parejas me parece la más detestable y baja de las tres. Ni se excluyen totalmente como las del aeróbic, ni tienen los huevos, metafóricamente, de venir a solas. Quieren darse una vuelta por donde los rudos machotes, pero cubriéndose las espaldas, no sea que alguno se desboque. En general, lo que me fastidia es que presuponen que hay que tener cuidado con los hombres. Y lo malo es que la desconfianza tiende a ser una profecía que se cumple a sí misma.

Las mujeres que vienen solas al gimnasio suelen ser las más guapas. No sé si es porque tienen más seguridad en sí mismas, o porque la belleza crea una cierta soledad, o porque son una clase de mujeres hermosas que no pueden aguantar ni un día sin demostrarse a sí mismas que atraen a los hombres, o porque tienen que estar todos los días allí y ninguna amiga les aguanta la chapa. En todo caso, trato de respetarlas al máximo: es mi pequeña venganza hacia las que vienen en parejas.


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miércoles, 18 de octubre de 2006

Orwell y Brecht

Orwell es el tipo que siempre te dice las cosas que preferirías no oír, pero no puedes dejar de estar de acuerdo con todo lo que dice. No debió de tener muchas simpatías entre las personas comprometidas con la política, porque es la clase de tipo que no puede callarse una verdad, aunque sea incómoda. Es ese escritor que, una vez muerto, ya puede ser alabado por unos y por otros, según convenga. Si estuviera fuera de la caja, probablemente estaría a punto de revolverse como una fiera precisamente contra los que más cerca de él estuvieran. Siempre en el sitio más indicado, sin embargo. Fue policía en la India en la última época colonial, fue vagabundo en París, fue luchador del POUM en la Guerra Civil española; con suerte en lo físico, le dieron un tiro en el cuello y sobrevivió sin secuelas. Siempre del lado en el que, tras mucho pasar del tiempo, resulta que se tenía razón. Es un poco lo que da asco de los ingleses (y de los americanos): que hasta cuando van contra sí mismos, resulta que tienen razón.

Brecht es muy distinto. Siempre te descubre cosas en las que no habías pensado, pero una vez le das unas cuantas vueltas, te parece que, en realidad, deberías haberlo sabido desde siempre. Por eso uno desconfía, por encantador de serpientes. Lo curioso es que lo que te ofrece no es falso. Es más retorcido que lo que te dictaría el sentido común de Orwell, eso es todo. También tiene pinta de ser el perfecto hombre político: siempre fiel, siempre dispuesto, con conciencia desde joven de a dónde quería llegar. Lo que le salva es la incongruencia. Querer (y obtener) una casa grande y antigua en la DDR. Querer un coche deportivo, y fumar puros enormes y negros como si se los hicieran con alquitrán. Escribir contra la intervención en Hungría. Él, el perfecto premio Lenin de las letras. Con el puñito en el aire, en el exilio, con su cabezón afeitado y las gafas, mientras detrás una tribuna enorme de generales soviéticos le aplaude. Estilo corte militar, pero en vez de un tiro en la nuca, le han dado una estatuílla, será por eso que sonríe a la cámara.

Brecht fue de los dos el que siempre creyó en lo falso, en el comunismo, en Stalin y en todos los sapos que quisieran ponerle por delante. Por eso da un poco de vergüenza reivindicarle, todo el mundo piensa que "en eso se equivocó", a pesar de lo listo que era. Sin embargo, ésta es la pieza central de Brecht. Sin comunismo, no hay Brecht. Es lo que tiene ser rojo y alemán: haces los deberes perfectamente, hasta mucho más allá de lo que sería necesario, y resulta que cuando te mueres estabas equivocado en todo.


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jueves, 28 de septiembre de 2006

Torbe en la trena

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

El dinero blanquea

Siempre que voy a un centro comercial por el norte o por el oeste de Madrid veo a una o dos rubias que parecen americanas por el físico, pero a las que se les nota que son españolas por la ropa y por la forma de comportarse. Cuando me las encuentro, porque es inevitable que me las encuentre, pienso que uno de los efectos más desconcertantes del dinero es que blanquea. No ya mentalmente, sino incluso físicamente. Alguien que tiene más pasta "parece" más blanco que alguien que no la tiene.

Debe ser una especie de racismo a la inversa. A los negros que quieren trabajar y ganar dinero les llaman "bounties" los propios inmigrantes en Francia, porque son como las chocolatinas Bounty: negros por fuera y blancos por dentro. Siempre pienso si no habrá más camino que ése, que lleva al hombre blanco occidental como último estadio del desarrollo posible. Con su violencia, su inseguridad y esa falta de empatía hacia los demás que caracteriza a los blancos. Cuanto más blancos son, más violenta y a la vez más sonrojante es su cultura: no hay más que ver lo que sale de Escandinavia. Borrachos, tímidos patológicos o satanistas.

Luego pienso, todas y cada una de las veces, en una escena de "Tiempo de silencio", el nacimiento de un niño en una chabola del sur de Madrid, allá en los 60: "Los médicos escandinavos recomiendan una sala de parto amplia y bien ventillada... pero en el caso de una recia moza toledana, bastarán cuatro paredes asimétricamente dispuestas y una mesa". Y en cómo describe a la madre de la parturienta, dura y seca "como un pan en mitad de Julio". Ricos y pobres no sólo vivían vidas diferentes, sino en universos diferentes, en los que no cabía en absoluto imaginar una vida distinta, a pesar de que estaba ahí, de que en los mismos años existían esos hospitales para las rubias escandinavas, no en otro planeta sino aquí mismo.

Entonces pienso (y ya me acerco al final de mi rueda de pensamientos) en lo sutil de las fronteras. Estas rubias están aquí y viven una vida diferente a las chicas que nacen en el sur de Madrid. No sé si mejor o peor, seguro que ninguna vida es fácil, y sé que ya no existen esas diferencias abismales de la posguerra. Pero es tan pequeña esa distancia... y siempre ves, en la parte rica de Madrid, unas mujeres que no encuentras en ningún otro lado. Yo no creo que las traigan de importación. Creo que su dinero se les transparenta.

domingo, 24 de septiembre de 2006

Tetistas y culistas

Se ha convertido en algo así como un lugar común, por lo menos entre los tíos que conozco, dividir a los hombres a grosso modo entre tetistas y culistas, según qué parte de las mujeres prefieran. Son bandos irreconciliables, como paulistas y cariocas, o como madridistas y barcelonistas... pero no se sabe muy bien qué factores ambientales, genéticos o estéticos llevan a un hombre determinado a tomar uno de los dos partidos.

Los tetistas son partidarios de las tetas, y su lema viene a ser: "Teta grande, ande o no ande". No tienen sentido de la proporción: la perfección se mide directamente en centímetros cúbicos. Suelen ser esos amigos tuyos que te dan un codazo en medio de la calle y te susurran: "Pero mira qué tetas que tiene ésa". Y que, cuando ha pasado la orgullosa propietaria, dicen, en voz más alta: "Si es que la cogía y me las comía tal que así" o cualquier otra expresión en la que lo oral predomine. También suele ser gente que da mucho teatro a su excitación ("Ay, qué malito me pongo", "Ufffff... cómo están"), algo que yo también relacionaría con su fijación oral, pero en la vertiente comunicativa.

Por otro lado, los culistas son gente más introspectiva, debido probablemente a que el objeto de su devoción no puede verse en aproximación frontal, sino que debe uno volverse a tiro pasado, o instalarse en algún lugar estratégico y ver pasar al objetivo. La mirada furtiva, el giro de cuello exacto y el silbido de apreciación suelen ser más comunes. Puede notarse una mayor inclinación por el equilibrio de la forma, antes que por la superabundancia que desean los tetistas. No suelen contar tan abiertamente sus gustos a otros hombres como el otro bando. Probablemente les cuesta admitir que no les interesa una parte tan obviamente femenina como las tetas, como si les estuvieras obligando a reconocer que son maricas.

Qué pena que tampoco en esto reine la unidad. Debe ser que si no tenemos tonterías de qué discutir nos aburrimos.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

En el bus


Cuando voy en el autobús al trabajo pienso en las razones por las que estoy aquí, en Madrid de nuevo.

A veces la razón es que el conductor se para en mitad de una calle para saludar con la puerta abierta a una vecina de Hortaleza, de las de bata y rulos, o al conductor del autobús de la misma línea que regresa hacia el centro.

Otra vez es ver a los vigilantes de los parquímetros reparando uno de ellos, uno hurgando en el interior de la máquina y el otro arrodillado como los mecánicos de los portaaviones cuando lanzan un avión, vigilando por si se acerca alguien. Es justo la zona de Madrid donde más carteles hay en contra de los parquímetros. Las manifestaciones se convocan continuamente, aunque nunca he visto ninguna de ellas: los trabajadores de las empresas acristaladas nos vamos a media tarde.

Otra vez oír a dos de la IBM, que también está en la ruta, hablando del campo de prisioneros de Guantánamo con la sencillez con la que uno hablaría de un partido de fútbol o de una riña entre vecinos. "Pero tú imagínate que llevas dos años ahí metido, y eres inocente". Hablando a gritos, como siempre.

Cuando voy en el autobús siempre pienso que debería llevar una libreta para apuntar las cosas que veo y me parecen importantes, tanto positivas como negativas. De hecho, hace meses que me llevo una pequeñita, exclusivamente para eso. Nunca anoto nada.

lunes, 28 de agosto de 2006

Cool guys sleep on metro walls




Sao Paulo M-40

Cocodrilos en el Retiro


Los domingos por la tarde se reúnen los de los bongos y la percusión en el Retiro para terminar de machacarse el fin de semana. Tienen bongos. Tienen una arcada monumental a la espalda. Tienen neverillas portátiles con cervezas. Tienen negros con chilaba. Y tienen el Poder del Cocodrilo Plástico. Quién puede pedir más.

miércoles, 23 de agosto de 2006

La venganza de los becarios

En Agosto todo el mundo se va de vacaciones y deja a unos pobrecillos becarios para que se chupen todo el trabajo. Esto podría parecer muy injusto, pero démonos cuenta de que en realidad le están dejando a unos adolescentes con granos las verdaderas riendas del país.  Un ejemplo.

En la segunda semana de Agosto, allá por el miércoles o el jueves, en esa profundidad insondable del verano ibérico donde si das una voz sólo te responde el eco, había al menos tres canales de televisión encallados en una imagen fija a la vez. Antena 3 en concreto estuvo al menos seis horas con la misma cara, a mitad de una frase, en la pantalla; era un presentador medio conocido de un programa de media tarde con un decorado especialmente horroroso. Quise hacer una foto para demostrarlo, pero claro, sólo hubiera obtenido una imagen quieta en el televisor. No pensé en hacer un vídeo cambiando de canal.

Todo el mundo estaba en la playa, comiendo una guarrada de paella en chanclas como es su derecho natural (como estableció Eduardo Mendoza en una columna al principio del veraneo). Por tanto, nadie ve la tele y no hay peligro en que los jovenzuelos trasteen un poco, como los Gremlins más o menos. Pero ¿y los demás resortes clave del Estado? ¿Qué pasa con nuestra defensa antiaérea en el mes de los becarios, pega zambombazos de vez en cuando? Suerte que por ahora no han acertado a ningún vuelo comercial. ¿Y la red eléctrica? ¿Son casualidad los incendios en subestaciones del centro de Madrid, los apagones intempestivos en cuanto una garza estornuda en Cuenca?

Un día, un becario revolucionado de hormonas llegará a los mandos de una central atómica. Entonces a toda esta sarta de cuarentones con barriga que suben renqueantes un puesto en el organigrama cada trienio se le acabarán las vacaciones de repente.

martes, 22 de agosto de 2006

The new beat

Por fin he cambiado el aspecto del blog a uno un poco menos "colorido" que el que había cogido, de emergencia, de entre las Blogger Templates. En realidad no he hecho más que dejar el fondo en blanco, cambiar la cabecera por la imagen que ya tenía antes y cambiar de una tacada todas las entradas de "rosa fucsia" por "negro".

No ha quedado nada mal, es más legible e igual de simple que el que tenía antes de que se fuera a la mierda por razones desconocidas. Es lo bueno de basarse en el trabajo de otros: se hace todo más rápido y mejor. Me siento como un faraón de Egipto.

Por hoy ya se ha hecho tarde, pero otro día hablaré de la venganza de los becarios, de los cocodrilos del Retiro y del marrón del señor marqués. Con vídeos y diagramas explicativos.

viernes, 18 de agosto de 2006

Flying toilets of terror

'El Reg' publica un análisis en profundidad sobre la alarma antiterrorista desatada el fin de semana pasado en el Reino Unido. En especial, analizan la posibilidad de introducir en el avión o sintetizar en pleno vuelo los explosivos líquidos concretos (TATP) que, según los medios británicos, iban a utilizar los sospechosos detenidos.



Better killing through chemistry
(...)
Now for the fun part. Take your hydrogen peroxide, acetone, and
sulfuric acid, measure them very carefully, and put them into drinks
bottles for convenient smuggling onto a plane. It's all right to mix
the peroxide and acetone in one container, so long as it remains cool.
Don't forget to bring several frozen gel-packs (preferably in a
Styrofoam chiller deceptively marked "perishable foods"), a
thermometer, a large beaker, a stirring rod, and a medicine dropper.
You're going to need them.
(...)
Once the plane is over the ocean, very discreetly bring all of your
gear into the toilet. You might need to make several trips to avoid
drawing attention. Once your kit is in place, put a beaker containing
the peroxide / acetone mixture into the ice water bath (...), and start adding the acid, drop by drop, while stirring
constantly. Watch the reaction temperature carefully. The mixture will
heat, and if it gets too hot, you'll end up with a weak explosive. In
fact, if it gets really hot, you'll get a premature explosion possibly
sufficient to kill you, but probably no one else.

After a few hours - assuming, by some miracle, that the fumes
haven't overcome you or alerted passengers or the flight crew to your
activities - you'll have a quantity of TATP with which to carry out
your mission. Now all you need to do is dry it for an hour or two.


jueves, 17 de agosto de 2006

Yo soy lo que él tenía antes de él

Ahora los spammers te mandan texto con sentido, sacado automáticamente de algún texto inocente, para pasar los filtros bayesianos de los proveedores de correo. El contenido de publicidad va en una imagen añadida. Lo bueno, en realidad, son los textos:

Era todavía temprano por la mañana del día siguiente, cuando, como yo, para permanecer,
vi su soporte donde él la había dejado, como una estatua;
la presión hace necesario el dibujo de los emolumentos del estipendiario,
antes de emprender, obtener el consentimiento de la señora Crewler a esta cabeza;
¿pero el suyo que te guarda qué inmueble?,
y sentóse rodando sus ojos.
Bien, entonces, ¿por qué NO HACERLO?, pensaron.
Dijo mi tía.
País, de que sea apenas justa la dejó ir.
Además dudo si habría podido sostener su solo.
Pero una vieja culpabilidad todos los días de tu vida
había fijado su corazón sobre ella,
una letra,
que creo era completamente el principio de ella,
portadora siempre de mucho placer,
y ella nunca pestañeó
en ella dejó a esas dos criaturas perdidas fallecer
ante nuestros ojos.
No pares su boca, no eres su amigo.
Porqué deberías ser tú menos que pequeño
pues los tomarían para todos hechos.
Yo soy lo que él tenía antes de él, sin la menor desviación del original;

Traducción: Google (con algunos retoques para que no se pierda por completo el sentido)

sábado, 12 de agosto de 2006

Stephen's feats

Mi blog se derrite

Por alguna razón, el CSS de mi blog, que estaba muy alterado, decidió entre Julio y Agosto joderse y aparecer en la pantalla, dejando sin formato el resto del texto. Me parece que lo tenía guardado en alguna parte de mi ordenador, pero no sé si lo tengo... por el momento, he puesto la plantilla más sencilla de Blogger, para que no quede tan mal. Ya veré cómo lo soluciono.

---

Bueno, no he podido resistirme y le he calcado a Carles el origen de su CSS, que son unas plantillas gratuitas que uno se puede descargar desde http://googlelite.free.fr/

Ésta es un poquito chunga, pero es que soy muy especialito para la pinta de mi blog. Ya verás como dentro de dos días esta entrada ha quedado obsoleta.

martes, 4 de julio de 2006

El infierno existe

El infierno existe, y se encuentra en el intercambiador de autobuses de Avenida de América. Cada vez que lo cruzo en las escaleras mecánicas, camino del Metro, intuyo que, por mis pecados, me reencarnaré en una máquina de tabaco fija allí para siempre. Bajo la luz eterna de los bares encajados entre columnas metálicas, el mundo se reduce a un estrecho pasillo de luz  que navega en medio de las tinieblas más profundas, que son los carriles exteriores. Allí se mueven unas sombras inmensas, metálicas, con reflejos aceitosos a la luz submarina de los reflectores de carretera, mugiendo como bestias prehistóricas bajo tierra. Para aliviar un poco el calor y el polvo constante, han instalado unos ventiladores cada pocos pasos, que emiten unas rociadas de vapor de agua, pero más que aliviar, sólo dan el aspecto de un pozo de condenación, del que escapan largos penachos de sulfuro. El infierno está allí, y miles de personas lo cruzan a cada momento, camino de otro lado, en largas filas de escaleras mecánicas. ¿Quién lo vigilará por las noches?

lunes, 26 de junio de 2006

Verdad y poder

Un pensamiento que me ha parecido muy interesante en la Historia de las drogas de Escohotado (entre otras muchas). Después de describir la escala desmesurada de la caza de brujas en los siglos finales de la Edad Media, que eran posibles continuadores de los usos rituales de las drogas en los cultos báquicos de la Antigüedad, escribe:
¿Hay en la estructura de las sociedades algo que permita prever la acogida prestada por ellas a la magia en general? (...) Un esfuerzo por iluminar la cuestión se debe a una antropóloga, que describió tres tipos básicos de sociedades ágrafas.
En el primero, que podríamos llamar tradicional bien integrada, existe un sistema realista o justo de deberes y derechos (...) El que se aparta de esas costumbres no es un ser a quien puedan atribuirse proezas maléficas, sino un desdichado (...)
El segundo tipo corresponde a tribus dedicadas al comercio, con gran movilidad social. Allí rige una magia completamente técnica u operativa, orientada hacia el éxito (...)
El tercer tipo, que podría llamarse tradicional desintegrado, es aquel donde la hechicería cobra mayor relieve, y una decidida ambivalencia. M. Douglas hace una interesante descripción de estos grupos: "Su cultura les promete recompensas contradictorias y les impone metas imposibles. Creen en la bondad, en la obediencia y en no dividir al pueblo en facciones; pero creen también que la ambición del hombre es llegar a jefe de poblado, y que esto es imposible sin deslealtad ni fricciones. Se imponen una tremenda presión los unos a los otros, y luchan incesantemente por definir y cerrar el círculo de sus amistades. La acusación de brujería constituye un instrumento para segregar a un individuo y definir los límites sociales."
Periódicamente, tales tribus se sienten amenazadas por plagas de impureza, que provocan movilizaciones agresivas para grupos limítrofes, pues en nombre de la magia blanca tratan de exterminar focos de magia negra.

sábado, 10 de junio de 2006

¡En mi bloque vive Franco!

Volviendo de la Feria del Libro me he encontrado en el ascensor con la viva efige del Generalísimo, incluso con unas gafas y una gorra de golf que le daban ese aspecto "fascista retirado - especulador de la Costa del Sol" que se le quedó en cuanto tuvo todo "atado y bien atado". Por un momento, me pregunté si no podía ser que su muerte fuera una farsa, igual que se decía en Berlín después de la guerra que Hitler había podido escapar y estaba en un castillo de los Pirineos, protegido por el régimen franquista. ¿Podría ser que, a su vez, Franco hubiera escenificado su propia muerte para pasar a ser un protegido de Alemania, camuflándose como típico jubilado turista? ¿Pero entonces, qué hace en un ascensor en Madrid?

Son cosas que a uno se le ocurren cuando tiene el cerebro demasiado calentado por el sol y ya le pesan las putas bolsas con los libros que se ha comprado en un vergonzoso arranque de adicción al papel. Aunque suene a columna de periodista del País dominical, cantando las loas al bendito formato libro, que, como es un símbolo de la intelectualidad dominante, pues paga menos impuestos... pero esto no logra engañar al pueblo español que, en su sagacidad milenaria, sigue en una bendita inopia, ahora que hay seis cadenas nacionales en abierto, y todas ponen el mundial. Me pregunto dónde está la exclusiva. La FIFA debe estar forrándose viva, si vende los derechos "en exclusiva" dos o tres veces por país (!).

En fin, me voy a la siesta con el libro de Forges sobre la Guerra Civil. Esto es una sobredosis de España en vena.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Triple play

Telefónica se ha estirado un poquitín y me ha puesto por fin el DSL en casa. Una hora y media de retraso esperando a los instaladores, señores. En su descargo hay que decir que vinieron casi una semana antes de lo que habían anunciado, lo que da siete días para TCA y tres semanas para Deutsche Telekom. Por sus hechos los conoceréis.
En fin, el título del post tiene que ver más bien con lo que he andado haciendo el fin de semana. No, ningún trío. Es más triste. Me he puesto a instalar un Linux en mi antiguo ordenador. Ahora, detrás del router que me han dejado los de Timofónica, hay tres sistemas operativos: un Windows, un Linux y un Mac OS. ¡¡¡¡¡ Sí nena sí !!!!



Triple Play, por cierto, es la forma americana de describir a los operadores de telecomunicaciones que ofrecen llamadas, Internet y televisión a la vez. TCA también tiene esa oferta, y ha sido el primer operador europeo en sacarla al mercado.

martes, 25 de abril de 2006

Las palabras de Lenin

He probado, por puro aburrimiento, a meter el título de mi anterior post en Google, y el primer hit es un acierto de lleno: una cita de Lenin en un artículo de Trotsky sobre lo malo malísimo que es Stalin. No es fácil reunir de una tacada a los tres ¿verdad?

El 13 de marzo de 1919, en una concentración en Petro­grado, Lenin dijo: "Cuando Trotsky me dijo hace poco que en el terreno militar tenemos decenas de miles de oficiales, tuve la visión concreta de dónde está el se­creto de utilizar al enemigo: cómo obligar a quienes eran nuestros enemigos a construir el comunismo; ¡construir el comunismo con los ladrillos reunidos por los capitalistas! ¡Y no tenemos otros ladrillos!"



COMO VENCIO STALIN A LA OPOSICION

Ladrillos reunidos

La semana pasada logré terminarme "La montaña mágica" de Thomas Mann, una obra ligera de apenas 900 páginas. Cuando uno cierra la tapa de un tomo de esa magnitud se siente realmente más elevado, como si te pusieran una medalla o una mención de honor ("por servicios prestados más allá del deber..."). Después de empezar la vida laboral ya no tienes tanto tiempo para hundir toneladas de libros y reunir puntos: yo llegué a la enajenación mental de leerme dos veces "Guerra y paz" y también "El señor de los anillos" porque me aburría durante los veranos en el pueblo. "El señor de los anillos" tuvo mucha más gracia la segunda vez, porque me salté todas las descripciones de floresta y horripilantes canciones que no riman, que ocupan casi la mitad de la trilogía.

Con la edad no sólo tienes menos tiempo, sino también menos aguante: el "Ulises" no me lo pude terminar a pesar de estar encerrado en casa en Berlin, porque uno ya no está para aguantar páginas y páginas infumables sólo para que el escritor demuestre que ha innovado el género. Te lo damos por demostrado, hombre. De todas formas, sólo la gente de Letras hardcore se han leído jamás el Ulises. A mí no me sentaría bien reconocer que me lo he podido tragar.


¿Y qué decir de "La montaña mágica"? Pues que me ha sorprendido lo interesante que ha sido. Sólo había leído a Mann en alemán para el colegio y me parecía bastante soso. De hecho, no acababa de entender de dónde le vino la fama y el Nobel. Pero he de reconocer que este libro, por sí solo, justifica ambas cosas. Te agarra y te sumerge en el mundo burgués anterior a la Gran Guerra, con una gran perspicacia a la hora de exponer la mentalidad de las diferentes clases, las convenciones sociales, las contradicciones... pero sin poner en tela de juicio nada. Mann era un escritor claramente burgués... pero convencido, ¿eh? Que se sentaba el hombre cuatro horas al día a escribir, siempre las mismas, y planificaba la investigación para sus libros durantes meses o años. ( Claro, así le salían unos tochos más que respetables, la mayoría de las veces. )


Lo bonito de este libro es que representa tanto el encanto como el autoengaño de la vida burguesa clásica, en especial en el mundo de la Mitteleuropa, y más en general todo el mundo y el ambiente europeo de la época, aprovechando que transcurre en un sanatorio internacional. Todo un mundo que se perdió al poco de comenzar el siglo XX... Me ha recordado mucho a "Radetzkymarsch", de Joseph Roth, que también es un ladrillo de cuidado y que evoca esa misma nostalgia de la monarquía austríaca. Son dos novelas con un mismo marco, pero muy diferentes en sus objetivos.


La de Roth transcurre a lo largo de tres generaciones al servicio del Kaiser, y suceden multitud de cosas, a todo lo ancho de Austria-Hungría. Los personajes quedan definidos exactísimamente con un par de frases casi de pasada y el retrato social de la época se compensa perfectamente con el retrato individual de los personajes. Mann se propuso, aparte del retrato de un momento y una clase social, algo muy abstracto: retratar el paso del tiempo cuando no pasa nada. La mayor parte del tiempo es que NO PASA NADA: pasan las estaciones, se funde la nieve, vuelve a nevar... Lo cual es muy interesante y una tendencia muy de moda por entonces, por ejemplo los ocho tomos de nada de la madalena de Proust... pero es desesperante. Por suerte, la novela no se queda en eso y tiene mucha más enjundia, sobre todo en las discusiones de política, que empiezan siendo previsibles y luego se vuelven sorprendentemente buenas.


Pues nada. Roth es el puto amo y Mann tiene un Nobel, ¿qué más se puede añadir?

miércoles, 29 de marzo de 2006

Alfredo Urdaci vive!!!!

Santo Dios, Urdaci puede haber desaparecido de la pantalla pero no de la faz de la Tierra. Sigue existiendo y da caña a toda esta ralea de rojuelos que se creen tan listos -- sin haber pasado por la Eminentísima Universidad de Navarra. Es tan absolutamente genial que me lo voy a linkar en cuanto pueda. Los amigos cerca y los enemigos más cerca todavía.

MICROMEGA por Alfredo URDACI

domingo, 26 de marzo de 2006

Usos recreativos de la mantequilla




Estuve en París hace una semana, visitando a Juanjo. Coincidió con la gran manifestación contra el CPE. Empezamos solidarizándonos con la juventud francesa, aunque no tienen los roles muy claros, como podéis ver en la primera foto.

La manifestación fue muy graciosa, había como un "stand" de cada organización a lo largo del recorrido, y cada una trataba de captar jóvenes a su manera. Aún mejor fueron las personas que se solidarizaban desde los balcones: desde unos obreros super obreros que estaban en un balcón como recién parando de pintar el piso, a unos niños desde un ático que gritaban más que los mismos manifestantes. Y unos con una bandera de la república popular china. Parecían unos chinos espiando.

Por la noche nos fuimos a una fiesta en un pedazo de piso increíble al lado de la Torre Eiffel. Para probarlo, aquí está la vista desde el balcón, en la segunda foto. El piso lo pagaba una empresa, o algo, porque aquello debía ser absolutamente impagable desde todo punto de vista.

Aquí tenéis también el interior, con Juanjo en su papel de anfitrión del último tango en París. Yo sé que a él no le gusta salir en Internet, y menos en papeles poco ejemplares, pero es que son los únicos en los que le veo. :-) Así que por eso le he recortado los ojos, pero no sé si le molará, de todas maneras. El piso éste estaba, según él, justo al otro lado del Sena del piso donde se rodó "El último tango en París". Yo no he visto la película y no tengo criterio, tampoco.

Bueno, también estaba Notre-Dame, el Barrio Latino, el Hôtel de Ville y todas estas cosas. Todo sigue bien y todo sigue en su sitio. Uno puede burlarse mucho de los franceses y de su amaneramiento, pero cuando ves cómo se vive en un pisito como éste, comprendes por qué el autor del mayor desfalco en la historia de Alemania se quedó en París, y cuando le pillaron se justificó con el refrán alemán: "Para vivir como Dios, en Francia".

viernes, 24 de marzo de 2006

Un vicio: los feeds de RSS


Mi último vicio consiste en añadirme más y más feeds de RSS en mi nuevo programita agregador. Lo malo es que crea una cierta angustia ver que tienes 106 titulares de tecnología pendientes de leer. Hoy me he "trabajado" unas cuantas categorías, pero como esto siga así, voy a bajarme del tren de la vida moderna.
Feedreader:

What is RSS Feedreader? | Feedreader - Totally Free RSS / ATOM Newsreader / Aggregator


Para Linux, Liferea

Liferea

Ya se envía


Voy a tener que aguantarme un poco las ganas de comprarme un Apple de los nuevos (son 2000 € de nada), porque se rumorea que el 1 de Abril van a anunciar nuevos cambios en la nueva arquitectura Intel y en caso de comprármelo ahora me quedaría con un ordenador obsoleto en 15 días. Qué bonito es el mundo de la tecnología, niños y niñas...






martes, 21 de marzo de 2006

En el baño con la corporación

Después de comer en el autoservicio, volvemos a la oficina. No todos los días recuerdo que me traje la pasta de dientes y el cepillo, pero cuando lo hago, asisto a un espectáculo curioso. En el baño entran y salen muchas personas, todas con el llavero de la compañía colgando del cuello. Hay empujones constantemente, y una serie de disculpas murmuradas a media voz, porque el baño tiene dos puertas con muelle, una detrás de otra, y el espacio de descompresión que queda entre ambas resulta de lo más adecuado para las emboscadas.

Dentro tampoco tenemos sitio los cuatro o cinco que queremos lavarnos los dientes a la vez, así que hay que apoyarse en la pared del fondo y formar un público que se frota rítmicamente la boca mirándose al espejo que corre a lo largo de los lavabos, como en una escuela de baile. Cuando uno empieza o termina, se adelanta y usa el lavabo más cercano, mientras los demás lo contemplan con mirada lejana. Las tareas rumiantes crean una calma muy profunda.

Yo, que no aguanto tener demasiado cerca a los demás ni mirarme a los ojos en el espejo, me pongo de los últimos, donde terminan los lavabos y empiezan los urinarios. Son de metal y muy estrechos, como un ángulo saliente de la pared. Mientras intento lavarme con la misma dedicación que mis colegas, fantaseo con la posibilidad de adelantarme de repente, escupir en el urinario, dar a la llave del agua y enjuagarme con ... más o menos en ese punto paro de pensar, asqueado. Y vuelta a empezar, en un loop constante, como el cepillo. Así no es raro que me maree a las pocas vueltas y no aguante los dos minutos reglamentarios, que sí deben lograr los más concentrados atletas allí presentes. Yo escupo enseguida la pasta, recojo a toda velocidad mi bolsita de encima de los lavabos, saco tres golpes (siempre tres) de papel de la máquina, me seco con un gesto rápidp y suelto con firmeza un "hasta luego" antes de salir.

Me gusta oír los balbuceos mientras se cierran las puertas.

jueves, 2 de febrero de 2006

Match point


En informática se llama 'bootstrapping' al proceso de iniciar un sistema complejo a partir de uno más simple. Se refiere al cuento del barón de Münchhausen en que, atrapado por arenas movedizas, el barón se iza a sí mismo y a su caballo tirando de su propia coleta hacia arriba. En la versión inglesa, el barón tira de las cuerdas de sus botas para salvarse. En el mundo real es imposible, pero cada vez que un móvil se enciende tiene que hacerlo.

Cuando uno tiene que llenar una casa se dá cuenta de cuántas pequeñas cosas son necesarias para tener una vida medianamente decente. Uno pensaría que con una cama, unas sillas y una mesa ya puedes empezar. Todo lo demás es izarte a tí mismo a partir de ahí. Por ejemplo la música: necesitas un amplificador, unos altavoces, un reproductor y unos CDs. Conectas todo y ya está. Curiosamente, los procesos más modestos, como desayunar, tienen más complicaciones.


Como no tengo nevera, no puedo tener nada que necesite conservarse. Solución: café soluble y galletas. Pero entonces, también azúcar. Pero entonces, una taza y una cucharilla también. Y un cazo para calentar el agua. Te vas a dormir confiado y te levantas pensando "cerillas". Cómo coño enciendo el gas sin cerillas. Cómo consigo las cerillas, si los supermercados están cerrados. Mi única fuente alternativa de cerillas es un bar; pero no voy a salir de casa, ir a un bar y en vez de desayunar de una buena vez, pedir unas cerillas y volver a subirme, que es una cosa que me repugna aún más que no tener desayuno en casa.

En fin. Es evidente que tengo más inteligencia práctica dormido que despierto.

lunes, 30 de enero de 2006

Mi barrio se pone de moda



Mi nueva-vieja casa está casi lista. Acaban de pintarla y limpiarla. Ya tengo una cama, un cepillo de dientes y algo de ropa. Y unas galletas, porque si hay algo que ODIO en esta vida es levantarme y no tener nada que desayunar en la casa.

Dando vueltas por el barrio, Prosperidad, he descubierto que nos debemos estar poniendo de moda. Muuuuuy relativamente. Mi barrio siempre ha molado por sí mismo y su mecanismo, claro, pero ahora hay una especie de estudio de música y una oficina de diseño gráfico. Sin contar que hay muchos locales de ensayo bajando por Cartagena, pero eso es técnicamente Parque de las Avenidas o Salamanca o alguna mierda por el estilo...

También hay varios locales de copas, que yo de pequeñito ni papa, claro. Y lo mejor: ¡¡¡ el Martillo de Lucifer 2 !!! Una tienda de customización de motos que antes estaba en Malasaña. Lo del Martillo es un apodo del año de la tana para el motor de las Harley, por el ruido que meten. Y yo me digo: ¿cuánto debe molar un barrio para que te inmigren unos moteros tan calorros que no los quieren ya en Malasaña? Toneladas. Hay un taller cada dos putas casas y sigue siendo el séptimo círculo del infierno para aparcar, por lo que me cuentan.

viernes, 27 de enero de 2006

Luisito el facha


Cuando un hombre entra en una peluquería, con un abrigo militar hecho una guarrada y unas pelanas que ya empiezan a pasarse de lo decente, y dice "córtemelo un poquito nada más"... ¿en qué parte se sobreentiende que lo que quiere decir es "por favor, señor peluquero salido del abismo, córteme estas melenas afeminadas y écheme por Dios bendito una buena rociada de gomina, que ya es hora de que me conviertan en un Hombre de Verdad"? ¿Es que llevaba una bandera blanca al entrar en la peluquería? ¿Es que me he arrodillado en el suelo, he ofrecido mi garganta a la navaja del barbero y he entonado "En tus manos, Señor, encomiendo mi aspecto"? No. Vamos, no que me haya dado yo cuenta.

La peluquería que queda más cerca de mi casa es una verdadera experiencia sociológica. Es una experiencia de retroceso en el tiempo que, paradójicamente, va cambiando con el tiempo. Permanece siempre dentro de unos ciertos parámetros de masculinidad cerril (es la de hombres, la de mujeres está para el otro lado), pero las referencias concretas van cambiando. Me explico. En visitas sucesivas, recuerdo haber visto: un cartel de toros, un póster del Atlético de Madrid, un cartel del Interviú con tías en pelotas y un ventilador de ésos que desaparecieron del mundo con el Plan de Estabilización de 1959.

Nunca veo dos veces las mismas cosas. Es posible que me quede narcotizado con el olor a colonia nada más entrar, o que no me fije demasiado en lo que me rodea porque me sé en territorio enemigo. Pero me pregunto cómo es posible crear en un observador dado, o sea yo, la sensación de atemporalidad, de un espacio inmutable, precisamente con estímulos cambiantes. ¿Qué diferencia esta peluquería, una tienda estrecha y alargada, de las dos cafeterías entre las que está encajonada, que sí han cambiado a ojos vistas con los años? ¿Qué pretenden sus dueños, cambiando objeto antediluviano por objeto antediluviano? ¿Repetir una y otra vez el mismo día, aunque hayan pasado seis meses o varios años? ¿O seguir ellos mismos eternamente en esa mediana edad, de barriguita y pelo medio cano, discutiendo a gritos con los amiguetes la situación del Madrid, lo caro que está todo, y lo que te ha contado el concejal de Urbanismo de tu pueblo, que es del PP?

jueves, 19 de enero de 2006

Mi apéndice y yo

Uno de mis amigos del colegio tuvo una peritonitis cuando era muy pequeño. De vez en cuando, yendo de excursión o cuando llegaba alguien nuevo a la clase, se empeñaba en mostrarnos la cicatriz que le había quedado. Resultaba interesante ver las marcas, muy rectas, que se cruzaban dividiendo todo el abdomen, igual que las líneas con las que dibujaban en los cómics los abdominales de los superhéroes, como si le hubieran tatuado al Capitán América encima. A él le gustaba demostrar que había estado al borde de la muerte. Siempre lo contaba con el mismo gesto. "Estuve a punto de morirme en la UVI." Siempre cambiaba la frase, minimizando hasta la nada absoluta la importancia de haber pasado por algo así.

Justo antes de Navidades se me inflamó el apéndice a mí. Yo estaba absolutamente convencido de que el dolor que sentía debía ser cualquier otra cosa. Por dos razones esotéricas: nunca me he roto nada ni he necesitado nada más importante que una tirita, y dos, hace diez años tuve exactamente el mismo dolor, que igualmente parecía una apendicitis, pero que desapareció sin más. Fui al médico esta vez segurísimo de que era algo que se arreglaba con una pastilla y algo de reposo; de hecho, no hubiera ido si no se hubiera empeñado mi madre.

No me bajé de mi burro particular hasta que no pasé a Urgencias, después de hacerme una ecografía, y me encontré con que me esperaban dos cirujanos. No estaban muy seguros de que fuera una apendicitis, pero al fin y al cabo, "no perdía nada" si me lo quitaban. Estuve de acuerdo con ellos, pero mientras decía que sí, notaba cómo me empezaban a temblar las manos, o los pies, o tenía la sensación de no poder dejarlos colgar de la camilla como antes, porque debía hacer algo con los pies o con las manos, al fin y al cabo me iban a operar y se suponía que algo debía hacer yo para demostrar cómo me afectaba esto. Se fueron a prepararlo todo, y mientras mi madre y la enfermera hablaban de cuándo bajarme al quirófano, yo trataba de sacarme un hilo de voz para preguntar cómo es una anestesia epidural. Porque si es entre las vértebras, ¿cómo te la ponen sin tener que operarte boca abajo? En mi defensa diré que la primera vez lo pregunté con voz normal, pero no me hicieron caso y ya no logré sacar del todo la segunda pregunta: ¿y si se le va la mano al que maneja la aguja?

Me trajeron una silla de ruedas y me bajaron al sótano. Me cambié a una bata de enfermo en una cabina de vestuario que olía profundamente a viejo, como si fuera un gimnasio del INSERSO. No sabía cómo cerrar la bata, ni qué iba a pasar con mis cosas, pero ya en este punto no era cosa de andarse con preocupaciones vanas. Es lo bueno de que te den una serie de instrucciones precisas. Si me hubieran dicho que me pusiera un traje de payaso para salir a escena, hubiera obedecido con la misma mansedumbre. Total. Para que me abran las tripas, qué más da.

Me subieron a la sillita de alta velocidad y me metieron hacia el quirófano, mientras yo miraba obstinadamente un punto en la lejanía. Las puertas batientes se abrían a nuestro paso, pero si mirabas muy fijo, parecía la perspectiva de una cámara en una serie de hospitales. Yo no estoy aquí. Me subo a una camilla, en un quirófano donde hace un frío como el de una bodega de paredes gruesas, hay unas luces encima de mi cabeza, mi perspectiva es ahora la de la escena inicial de "El sentido de la vida". Espero a que aparezca John Cleese con los Monty Python encima de mi cara. Sigo mirando fijo al techo y murmuro algo al anestesista, que me está abriendo una vía en la mano y me pregunta cosas usuales, alergias, cosas que ya he respondido tres o cuatro veces ese mismo día. No encuentra mi vena y me dice que piense en algo agradable, mientras palmea mi mano. No sabía que estar tenso hace que tus venas se contraigan. ¿Un yonki debe pensar en cosas agradables por norma? El anestesista me llama "campeón" y me dice que en cuanto me encuentre la vena me va a meter algo "que me va a solucionar el mundo".

Es cierto. Poco después de meterme la vía, siento un calor agradable y una indiferencia total hacia lo que quiera que me va a pasar. Me pone la epidural. ( Hay que ponerse de costado y en posición fetal. Curiosamente, comprimir la parte baja del cuerpo hace que la anestesia actúe ahí.) No tengo ningún miedo. Pienso en lo que he leído sobre los opiáceos, en Escohotado. Pienso en la frase del prota de Trainspotting sobre la heroína: "toma tu mejor orgasmo, multiplícalo por diez mil..." Sé que probablemente me ha metido una versión sintética y más suave de la morfina. La morfina es el principal de los opiáceos, y la heroína fue creada por la Bayer para substituirla con mayores efectos. O sea que estoy muy lejos del factor diez mil, pero me siento a gusto, qué coño.

Los médicos ponen una parte de la bata entre mi cabeza y mi cuerpo para que no vea nada y yo estoy totalmente de acuerdo y me haría tres operaciones seguidas si hiciera falta, pero por desgracia estoy demasiado ido como para manifestar mi opinión. Las cosas van estupendamente ahí abajo y yo por mi parte dejo rodar los ojos de un lado a otro de mi campo visual, lo cual es tan estimulante que me pondría a cantar si encontrara las fuerzas. Figúrate; cantando con las tripas colgando a un lado, como un héroe romántico, como un capitán de barco de guerra en medio del asalto. Es tan absurdo y tan gracioso todo esto, que me gustaría soltar la risa, una risa corta y aguda, suficiente para demostrarles a ésos de ahí lo valiente que soy y lo feliz que me siento, aquí tumbado en la mesa de operaciones. La luz de las lámparas es intensa y debe recortar sombras muy nítidas bajo el volumen de mi cuerpo, como si estuviera despegando lentamente de la mesa, un globo hecho de carne blanca y pelo, justo a punto de dejar de tocar su soporte. De repente me entran ganas de vomitar. Se lo digo al médico. Intento darle un aire despreocupado, como cuando mi amigo hablaba de su cicatriz, pero deben salirme las palabras a medio masticar. Me giran la cabeza por si vomito, pero no pasa nada. Ya hemos terminado, de todas formas.

Justo cuando me pasan a la camilla me doy cuenta del frío que tengo. Estoy temblando sin control. No me siento mal, pero no puedo parar quieto. La parte inferior de mi cuerpo sigue sin sentir nada, pero tiembla como si también le fuera la vida en ello. Temo asustar a mi madre, que me espera fuera de la zona de quirófanos. Me dejan un rato a un lado del pasillo, y cuando pasa mi médico le pregunto, algo confuso, si es normal temblar tanto. Yo me veo a mí mismo como un epiléptico o alguien con un shock grave. El médico me dice que no tengo de qué preocuparme. Todo ha ido bien, y mi apéndice sí que estaba inflamado. El tío es majo, y no trata a la gente como muñecos que hay que reparar, pero de todas formas tiene esa despreocupación de los médicos que no logro comprender. Creo que hay que ser un loco y un inconsciente para tomar semejantes responsabilidades como toma un médico. Para ellos, sin embargo, está clarísimo que alguien tiene que hacerlo y tienen razón. Eso es lo peor. Son locos que tienen razón. Se me debe de haber pasado el chute, porque no intento decírselo, al médico.

Ahora mi apéndice y yo somos dos entidades separadas. La recuperación irá bien, aunque resultará preocupante darse cuenta de que estoy en una especie de preview a la tercera edad. No me darán el apéndice en un tarrito. ( Hubiera sido a la vez terrorífico y fascinante. Lo hubiera llamado Gus y lo hubiera tirado. No sé por qué.) No veré la cicatriz hasta muchos días después. La mía no es el Capitán América. Se parece más a la de Krusty el payaso.